Investigadores que provocan falsas esperanzas en la investigación del cáncer


Muchos de las investigaciones sobre cáncer consideradas “prometedoras” al final no acaban teniendo aplicación, porque no pueden ser replicados por las empresas farmacéuticas que quieran desarrollar el producto. En un reciente estudio publicado en Nature, de 53 estudios analizados, sólo 6 pudieron ser reproducidos y confirmados en laboratorio. Algunos creen que la razón de estos fracasos y mentiras en los resultados, es la existencia de errores en los sistemas de publicación científica actuales y en la presión existente por la financiación.

La mayor parte de los días, aparecen en los medios de comunicación noticias de resultados de tratamientos contra el cáncer, con resultados prometedores. A veces es por culpa de los propios medios por querer dar la primicia, pero en otras muchas ocasiones, por  los propios organismos que realizan los estudios, que se lanzan como locos a publicar aunque sea una nota de prensa diciendo que han encontrado esto y aquello o enviando el artículo a la revista de turno para decir cuántas publicaciones tengo, aunque luego surjan discusiones interminables con otros investigadores.

Nuevos medicamentos, nuevas pruebas en células y animales de laboratorio sugiriendo las mil y una maravillas en humanos, pero que pasados los años nunca llegan a nada, porque en muchas ocasiones, están lejos de una posible aplicación clínica.

Desde hace 10 años, la empresa de biotecnología AMGEN, repite en sus laboratorios las investigaciones que se publican en las revistas científicas sobre el cáncer, que en el momento de publicarse se consideran prometedoras o revolucionarias. En esta empresa, hay un equipo formado por un centenar de investigadores cuyo trabajo es probar los nuevos descubrimientos antes de invertir en esos productos para que llegado el momento, ellos puedan partir con ventaja a la hora de desarrollar nuevos medicamentos siendo los primeros en ofrecerse al organismo que realiza el estudio para llevar adelante el desarrollo del medicamento.

Ahora en un estudio publicado en Nature por el oncólogo Glenn Begley, ex-coordinador de investigación en cáncer de Amgen junto con Lee M. Ellis del Centro Anderson contra el Cáncer de la Universidad de Texas, se observa cómo muchos de estos estudios prometedores no son en realidad nada. 

De los 53 estudios que realizaron para intentar reproducirlos en el laboratorio y ver si se podían confirmar los datos obtenidos por los investigadores iniciales, sólo 6 pudieron ser confirmados y reproducidos lo que es “un resultado un chocante, a pesar de las limitaciones de un test preclínico” según explica Glenn Begley.

La replicación de los estudios científicos que se envían a una revista científica, es la forma más común para poder validar un resultado, siendo fundamental para corroborar los resultados del trabajo original y que a lo largo de la ciencia ha jugado un papel clave en el desarrollo de hipótesis y rivalidades entre científicos.

Los experimentos de AMGEN, no son los únicos, ya que en otro estudio realizado por BAYER y también publicado en Nature, de las 47 investigaciones preclínicas analizadas, apenas el 25% podían ser reproducidas.

“A menudo, los datos clave no podían ser reproducidos en laboratorio”, decía Khusru Asadullah, un alto cargo en Bayer HealthCare en Berlín. A pesar de los esfuerzos realizados por cuatro científicos que trabajaron a tiempo completo durante un máximo de un año, sólo la cuarta parte de las investigaciones se pudieron llevar acabo. Al final, Bayer acabó retirando los proyectos.

Según Glenn Begley, la forma en que se realizan las investigaciones preclínicas deberían de ser más fuertes de forma que a lo largo del método científico se intentaran seguir los máximos estándares de calidad, ética y rigor, para evitar este tipo de fallos tan graves.

El propio Begley cree que el error está en los sistemas actuales de publicación, donde se da valor al acierto en lugar del error debido a la presión existente para que los investigadores intenten publicar los resultados positivos, aunque sean iniciales y no estén totalmente confirmados porque la “historia perfecta” es la que vende y la que hace que los investigadores puedan obtener financiación y reconocimiento.

El sesgo de publicación: A veces los resultados ni se publican por el miedo al rechazo.

En el congreso anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO), el mayor evento de la especialidad, generalmente se da un “primer vistazo” de los resultados de estudios clínicos en fase III (la fase previa a la aplicación en humanos) que podrían llegar a modificar el ejercicio de la medicina y en ocasiones, acaban siendo publicados en las diferentes revistas científicas.

Sin embargo, en un estudio publicado en Journal of Clinical Oncology, el 9,3% de los 709 estudios en fase III que se presentaban a modo de resumen en los congreso anuales de ASCO entre 1989 y 2003, no se habían publicado al cabo de 6,5 años, al presentarse resultados negativos o inconclusos (no se pudo demostrar que el tratamiento supusiera una mejora con respecto al tratamiento convencional o de control) por lo que se estaba produciendo un sesgo de publicación, ya que los estudios con resultados positivos, tenían una mayor probabilidad de ser publicados.

Para Jeff Abrams, director del Programa de Evaluación de Terapias del Cáncer del NCI, “los resultados negativos pueden ser tan importantes como los positivos” ya que “si los resultados negativos no aparecen en las publicaciones científicas, otros investigadores pueden tomar el camino equivocado y perder tiempo en estudios duplicados porque no saben que ese enfoque ya se intentó sin éxito”.

“La ciencia se perjudica cuando no se publican estudios con resultados inconclusos o negativos”, dijo el Abrams en el congreso del ASCO.

Resultados que perjudican a los pacientes y a los propios investigadores

La realidad, es que estos estudios que no son tan reales, perjudican en una medida muy importante a aquellos pacientes que están directamente afectados por alguna patología y están esperando un resultado esperanzador para su problema.

El propio Begley destaca en el artículo, que algunos de los estudios ya estaban siendo empleados en estudios clínicos con pacientes reales, a pesar de que luego no llegaran a nada, porque aunque a los pacientes no les sirviera para nada, los investigadores y las empresas empleaban esa fase de estudio para mejorar el tratamiento o directamente aprender cosas nuevas para evitar los errores… pero los pacientes son los “perjudicados”.

En muchos países, no existe una obligatoriedad de replicación para que un estudio pre-clínico pueda ser aplicado en humanos, ya que la aprobación depende de los diferentes comités de ética (hospitales, gobiernos, etc…)

En una revisión publicada en Nature, se muestra que la falta de rigor en las investigaciones provocó que los nuevos test clínicos con nuevos medicamentos contra el cáncer bajaran un 10% entre 2008-2010 con relación al periodo 2006-2007.

La realidad es que si una empresa va a invertir un dinero en un tratamiento para poder obtener un beneficio posterior, quiere asegurarse de que los resultados sean por lo menos correctos, por lo que un gran número de investigaciones fallidas o de las que luego no se sabe nada al final acaba perjudicando a otros investigadores, porque las empresas y fondos de inversión no se quieren arriesgar como vimos anteriormente con Bayer.

Ferric Fang de la Universidad de Washington en una reciente conferencia en la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos culpó a un entorno académico hipercompetitivo, en la que se fomenta una “ciencia de pobres” e “incluso el fraude” de forma que los investigadores se pelean por la financiación, aunque para ello tengan que mentir en los resultados.

“La forma más segura para obtener una beca o un trabajo es salir publicado en una revista de alto nivel y es un método poco saludable que puede conducir a que un científico caiga en el sensacionalismo y en la manipulación de los datos con tal de obtener la financiación”.

Para George Robertson de la Universidad de Dalhousie en Nova Scotia, y que había trabajado para la farmacéutica Merck en materia de enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson veía que muchos de los resultados que le llegaban no se sostenían porque no se podían replicar y hacía una interesante reflexión en Reuters en un artículo publicado hace unos días

“Se impulsa a la gente en una industria loca ¿Por qué estamos viendo el colapso de las empresas farmacéuticas y de biotecnología? Una posibilidad es que la universidad no está dando resultados precisos”.

Recientemente la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) hizo un llamamiento tanto a los investigadores como a los medios de comunicación para que sean más “rigurosos” a la hora de divulgar los resultados de una investigación científica ya que se “generan falsas expectativas” en los pacientes, que viven “con angustia” cualquier avance.

“Casi todos los ensayos preclínicos lamentablemente no llegan a nada y, en el caso de aquellos que se desarrollan en fase clínica e incluyen a pacientes, tardan entre 5 y 10 años hasta poder estar al alcance de cualquier paciente.” por lo que toda esta avalancha de información “transmiten una sensación de inminencia en la resolución de los problemas que, cuando no se cumple, es negativa para los pacientes y sus familiares”.

Formas de evitar las mentiras a la vez que se fomenta el avance científico

El mejor caso, para evitar este tipo de resultados engañosos o directamente la no publicación, es la obligación de publicar todos los datos, independientemente de si son buenos o malos. Desde 2007, los estudios que se inician en los centros de investigación de los Estados Unidos están obligados a inscribirse en la base de datos pública ClinicalTrials.gov (excepto aquellos estudios de fase I).

Esta es una forma de garantizar que tanto investigadores como público puedan acceder a un resumen de los resultados, aunque no aparezcan en una revista de revisión por pares.

Otra solución, sería la de que las revistas no fueran reticentes a la publicación de los resultados negativos; aunque como eso parece casi imposible, lo ideal sería la existencia de revistas o bases de datos públicas en la era de internet, que publicaran aquellos resultados negativos o dudosos, ya que ayudarían a aquellos investigadores que trabajen en campos similares a evitar los errores que cometieron sus colegas.

Incluso bastaría, con que las revistas publicaran pequeños abstract con los resultados negativos, de forma que se incentivaría a los investigadores a escribir informes sobre los resultados negativos y a evitar el engaño.

Pero quizás lo más importante para evitar estos fraudes, es que tal y como comenta Dave Bridges, una posible solución sería mejorar el sistema de publicación con un mayor control por parte de los revisores , aunque esta opción podría reducir la velocidad de publicación y suponer un retraso en el conocimiento.

Para finalizar les dejo 2 lecturas interesantes. Las dos son de John Ioannidis en el que explicaba en un artículo en PlosOne por qué muchas de las publicaciones de investigación son falsas y otro en el que le hacen cinco preguntas para saber la verdad de las pruebas médicas.

Más información del artículo y otras lecturas interesantes

– Prinz, F.; Schlange, T. & Asadullah, K. (2011) Believe it or not: how much can we rely on published data on potential drug targets?. Nature Reviews Drug Discovery 10, 712 (September 2011) | doi:10.1038/nrd3439-c1

– Begley, C.G. & Ellis, L.M. (2012) Drug development: Raise standards for preclinical cancer research. Nature 483, 531–533 (29 March 2012) | doi:10.1038/483531a

– Arrowsmith, J. (2011) Trial watch: Phase II failures: 2008–2010. Nature Reviews Drug Discovery 10, 328-329 (May 2011) | doi:10.1038/nrd3439

– Ioannidis JPA (2005) Why Most Published Research Findings Are False. PLoS Med 2(8): e124. doi:10.1371/journal.pmed.0020124 

– Lessl, M.; Bryans, J.S.; Richards, D. & Asadullah, K (2011) Crowd sourcing in drug discovery. Nature Reviews Drug Discovery 10, 241-242 (April 2011) | doi:10.1038/nrd3412

– Loscalzo, J. (2012) Irreproducible Experimental Results. Causes, (Mis)interpretations, and Consequences. Circulation. 2012; 125: 1211-1214

– Tam V.C.; Tannock, I.F.; Massey, C.; Rauw, J.; & Krzyzanowska; M.K. (2011) Compendium of unpublished phase III trials in oncology: characteristics and impact on clinical practice. J Clin Oncol. 2011 Aug 10;29(23):3133-9. Epub 2011 Jul 11. 

– Science Blogs – The cranks pile on John Ioannidis’ work on the reliability of science

– Medical Expres – 5 Questions: Ioannidis on the need to test medical ‘truths’

– Tufts News – The Man Who Did the Math

– Boletín del Instituto Nacional contra el Cáncer (USA) Estudios clínicos de fase III no publicados: ¿una forma de eliminar resultados negativos?

– Ciencia Hoje – Falsas esperanças

– AHRP – Cancer Research False Claims

– REUTERS – In cancer science, many “discoveries” don’t hold up

Academic bias & biotech failures 

What Should Be Done about Reproducibility

– The Atlantic – David H. Freedman – Lies, Damned Lies, and Medical Science

– New Yorker – Jonah Lehrer December 13, 2010. The Truth Wears Off. Is there something wrong with the scientific method 

– Opposing News – Trouble in Basic Research Land

– Europa Press – Los oncólogos médicos piden “no generar falsas expectativas” con la divulgación de investigaciones en cáncer

– 20 Minutos – El científico noruego que falsificó estudios sobre cáncer pierde su título de doctor y el derecho a ejercer

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Acerca de andresrguez

Doctor por la Universidade de Vigo. Campo de especialización: comportamiento del plomo en suelos mineros, urbanos y campos de tiro, a través de técnicas espectroscópicas, toxicológicas y aplicación de nanopartículas.
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Una respuesta a Investigadores que provocan falsas esperanzas en la investigación del cáncer

  1. Adolfo dijo:

    La mayoria de las publicaciones cientificas tienen validez nula desde el punto de vista, no de que no sean ciertas, sino desde el sesgo poblacional o metodologico. En muchos articulos se observan aclaraciones como “en tal linea celular” “En una poblacion X” Solo se busca publicar, pero la funcionalidad en los trabajos es muchas veces nula, de ahi que la colaboracion Universidad/hospital con la Industria sea nula. La industria quiere cosas utiles que la investigacion publica, en principio no da, pero no nos engañemos, la industria privada lleva años en los que su mayor avance es combinar farmacos con decenas de años de antiguedad utilizando variaciones en el metal, estructurales o simplemente aplicandolas en otras enfermedades. Como bien dicen algunos de los “Popes” de este mundillo, “Hace mucho que no curamos a nadie” Miramos mucho a los genes, los carbonos y las rutas y poco a hacer algo definitivamente util. Otro saludo y vuelvo a disculparme por lo de las tildes.

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